sábado, 6 de diciembre de 2014

Entre el parto y el futuro de la humanidad... hay todo un mundo

Por Consuelo Hayden

Recuerdo que en una de las charlas que dio el obstetra Michel Odent* en Chile, este desarrolló la idea de que el momento del nacimiento es determinante para la emocionalidad, incluso para la capacidad de amar, que desarrollará a futuro ese recién nacido y, por lo tanto, la sociedad que construimos. Sus argumentos vienen de la investigación científica y de su larga experiencia en la atención de partos, y me pareció entonces una conclusión desoladora. Pedí la palabra y planteé mi inquietud. Dije que a mí y a mi bebé, al igual que a cientos de miles de madres en Chile, y seguramente a millones de madres en el mundo, se nos había negado la posibilidad de tener un parto libre y respetado, que nos habían violentado y quitado nuestros bebés de los brazos; y que entonces qué nos quedaba a nosotras, a nuestros hijos, que perdimos ese momento determinante. ¿Cómo reparar?

No sé si mi pregunta no se entendió o si yo no entendí la respuesta, pero creo que dijo algo como que no estamos acá para tratar casos particulares, sino que hablamos del futuro del nacer, que es también el futuro de la humanidad, pero que de todas formas existen los mecanismos culturales de la crianza, o algo así.  La pregunta me ha seguido rondando, y aún no encuentro una respuesta. No es posible que seamos una especie de generación perdida.

Hace pocos días asistí a un encuentro de redes contra la violencia obstétrica**, donde participé en un conversatorio sobre activismo. Una joven madre contó una experiencia muy dolorosa. Ella estuvo todo su embarazo decidida a tener un parto natural y en casa, y defendió con uñas y dientes su decisión y su derecho. Pocas semanas antes de llegar a término, sufrió un grave problema de salud que la obligó a aceptar una cesárea de emergencia para que ella y su bebé vivieran. Cuenta el dolor y la impotencia que le produjo esto, la frustración y la culpa que sintió, como si estuviera defraudando a su bebé, a ella misma y a todos a quienes comunicó fervientemente su convicción. Aun se emocionaba al relatar su experiencia.

Más recientemente leí algo que me pareció el colmo de la irresponsabilidad. Un sitio web español publicaba un breve artículo, "Formas de nacimiento: relación emocional", donde entregaba "una lista de las formas de nacer y los condicionamientos para un posible futuro". Según su autor/a, una persona nacida por cesárea tendría "dificultades para terminar las cosas"; a quienes nacen por forceps "no les gusta sentirse controlados", y quienes pasaron por la incubadora "se sienten aislados y solos"... (siguiendo su reflexión, me pregunto si acaso esta persona nació prematuramente y por lo tanto "se apura en sacar conclusiones..."). Estas y otras asociaciones pseudológicas dichas con total ligereza son casi caricaturescas, pero lamentablemente reflejan la facilidad con que se instala un sentido común reduccionista y determinista que puede llegar a este tipo de burdas síntesis.

Estas situaciones me hacen pensar que, sin dejar de ser comprometidas con todas nuestras expectativas y convicciones, es necesario ser cuidadosas cuando, con un ímpetu activista, declaramos que el parto es tan determinante para el futuro de los niños y niñas. Me refiero a que, claro que es importante, importantísimo para nosotras y para nuestros hijos, pero no significa que por nacer por cesárea ese ser humano esté condenado a ser menos amoroso o a tener menos apego, porque hay formas de reparar (la lactancia es una de esas formas); y si nos vemos obligadas (por problemas de salud, por ejemplo) a realizar una cesárea o simplemente a tener a nuestro hijo en una clínica, no hay que pensar que todo está perdido.

Creo que además de luchar por recuperar el parto natural, también es urgente hacer una búsqueda y reconocimiento de aquellas prácticas con las que madre e hijo cultivan tempranamente el amor y la ternura: los gestos, los sonidos, los juegos -diferentes según las diversas culturas y diversas madres e hijos- con los que reconstruimos lazos y recuperamos el tiempo perdido. En el contexto de violencia obstétrica en que hoy la mayoría parimos/nacemos, estas son prácticas de resistencia. Y esto es crianza rebelde.

Sobre Michel Odent, en Ecología del Nacer.
** Primer Encuentro Nacional de Redes por el Parto Respetado, 29 de noviembre de 2014.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Un oasis en la academia: Biblioteca infantil pre-escolar de la Universidad de Tarapacá, Arica.

"¿En cuántos lugares las mamás, papás, abuelas, abuelos, tíos, tías, primos, etc. podemos jugar tranquilos con los niños sin sentirnos observados y sancionados por el “bullicio” y desorden que ocasiona una tarde de descubrimiento? Las wawa*, niños y niñas existen, pero su sola presencia en el mundo “adultocéntrico” suele generar molestias."  

Por la co-madre invitada Ignacia Cortés
Editora, especialista en estudios andinos y actualmente escritora de libros para niños

Hace una semana fuimos en familia a Arica, en el extremo norte de Chile, a exponer con mi pareja e hija de un año, al IX Congreso de Etnohistoria que se desarrolló en la Universidad de Tarapacá (UTA). El programa del Congreso era ambicioso. Intentamos ir a algunas presentaciones, pero sólo pudimos acudir a las charlas magistrales, ya que por el horario nos acomodaba más. 

Sin embargo, como nos enseñan las niñas y niños, sus tiempos, y el de los adultos suelen ser muy distintos. Para no resistirme al ritmo de Clara, decidí salir a buscar un refugio, idealmente para darle teta y descansar. Pensé en algo parecido a una plaza, pero la vegetación, como la conocemos en la Santiago, no abunda en el campus universitario. La temperatura es otra y el agua escasea en la zona. Habían pequeños espacios con pasto y sombra, pero no estaban tan cerca de la sala donde se desarrollaba el congreso. A cambio, tuvimos una revelación. Caminamos por dentro de uno de los edificios y hallamos un oasis. La entrada tenía un cartel que nos daba la bienvenida: “Biblioteca infantil pre-escolar”. Clara abrió sus enormes ojos y se lanzó a gatear-caminar en dirección a unas niñas lectoras, hermanas de 7 y 4 años a las que no les molestó en compartir con Clarita el pan con palta que estaban comiendo.

Conversé con la encargada del espacio. Ella me contó que antes este lugar correspondía a la guardería infantil para estudiantes y funcionarios de la UTA. Hace un tiempo atrás la universidad abrió una gran sala cuna y jardín infantil, pero la exguardería no se convirtió en una sala más dentro del campus, sino que se transformó en una biblioteca infantil. A ella asisten las niñas y niños del jardín y algunas tardes a la semana, se abre a la comunidad.

La biblioteca infantil de la UTA cuenta con un sector de juegos, allí conviven muñecas; tacitas para tomar el té; un llamo de peluche, con tulmas en sus orejas y un aguayo de vestimenta; y cajas de juegos idiomáticos en mapudungun y aymara. La biblioteca tiene todo un mundo en miniatura, mesas de colores, sillas, sillones, alfombras y hasta una acogedora silla mecedora. Respecto a los libros, es muy variada. Los estantes, de fácil acceso a los niños, están llenos; algunos libros son del tamaño de una pequeña mano; otros, grandes, con ilustraciones para poder ser vistos por varios lectores. Además, hay libros para recortar, clásicos de la literatura infantil -como Hansel y Gretel-, y libros objeto, como los del ilustrador y diseñador japonés Taro Gomi, que hoy en día es el autor favorito de Clara.


Al llegar de vuelta a Santiago, pensé: ¿cuántas universidades cuentan con este tipo de bibliotecas? Realmente no lo sé, pero creo que no he visto ninguna en el contexto universitario santiaguino. Y, sigo con mis preguntas, ¿en cuántos lugares las mamás, papás, abuelas, abuelos, tíos, tías, primos, etc. podemos jugar tranquilos con los niños sin sentirnos observados y sancionados por el “bullicio” y desorden que ocasiona una tarde de descubrimiento? Las wawa*, niños y niñas existen, pero su sola presencia en el mundo “adultocéntrico” (como dice una sabia amiga) suele generar molestias. Por lo mismo, se ha intentado moldear su comportamiento. Lo mejor es que se parezcan a los adultos o a ese ideal de adulto: dóciles, fáciles de controlar, quietos y silenciosos.

Escribiendo esto recordé algo que se dijo en la clausura del Congreso. Quizás no sea coincidencia que la sigla de la Universidad de Tarapacá sea UTA. En aymara, uta significa casa. Sin embargo, uta no sólo se emplea para designar una edificación, también es el proceso de construcción que involucra necesariamente a la comunidad: es un trabajo mano a mano, solidario y ritual, un achuqalla**. ¿Cuántas universidades se proponen ser una verdadera uta, donde estudiantes y, por qué no, la comunidad entera pueda recorrer y habitar cada espacio?

En nuestra corta estadía en Arica, pudimos visitar la biblioteca infantil dos veces. Lamentablemente, no se me ocurrió tomar una fotografía, pero confío en que las sensaciones de esas tardes de juego quedaron atesoradas en nuestra memoria corporal.

Las imágenes son del libro "Adivina qué es" de Taro Gomi.




* Wawa (quechua) bebé, infante.
** Ejecución y ceremonia del techado de las casas.

viernes, 3 de octubre de 2014

Juegos y estereotipos, terminemos con las narices fruncidas



Esta semana se dio a conocer en Chile la campaña de la ONG Comunidad Mujer "Las niñas pueden", en la idea de atacar los estereotipos infantiles a través de juguetes y juegos, que luego determinan roles sociales y carreras profesionales de las mujeres, y que en definitiva siguen consolidando la inequidad de género. La campaña se centra en las niñas y yo como madre de un niño me pregunté, ¿cómo afecta esta discriminación a los pequeños hombres? Por Danae Prado C. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

La hora del cuento: “Sapo y la canción del Mirlo”




 Para mi familia, las letras y los libros son una forma importante de compartir y hemos encontrado en la literatura infantil un lenguaje en común, que podemos usar para comunicarnos y expresarnos entre nuestras distintas miradas de adultos y niñas. Aquí les comento uno de nuestros libros favoritos: “Sapo y la canción del Mirlo”. Por Millaray Neira

 
 
Mi hija mayor, de tres años, narra los libros a través de la lectura de sus ilustraciones y la asociación a su impresionante memoria de los cuentos ya escuchados. Su hermana menor, de un año, la imita jugando a hojear libros y simulando su lectura en sus balbuceos, graciosamente aún cuando los libros estén al revés.

Tenemos varios libros en casa para que el contacto con ellos sea común y corriente, algo de diario vivir. Pero también llevamos a las niñas a la biblioteca local que, afortunadamente, tiene una Sala Koala estimulante para ellas, la que permite abrir las posibilidades que el mundo de las letras les puede ofrecer.

Es por esto que se me ocurrió la idea de compartir en el blog la experiencia con algunos de estos libros, idealmente libros fuera de los cuentos clásicos que ya tod@s conocemos, con el fin de ser un aporte para quien está iniciando una búsqueda de bibliografía para compartir en familia.

Así, comienzo con “Sapo y la Canción del Mirlo”, el que llegó a nuestras manos por medio de la biblioteca local. Este libro infantil es parte de una serie literaria denominada “Sapo” que trata diversas temáticas. Su prosa es sencilla como sus ilustraciones y hablan en forma cercana para que mi hija se pueda envolver con ella e identificarse con sus personajes y sus aventuras.

 Estos libros fueron hechos por el escritor e ilustrador holandés Max Velthuijs, quien en su carrera se dedicó al diseño en diferentes áreas, pero que en los años ochenta se volcó a la literatura infantil. Tiene varios títulos a su haber, sin embargo, la serie Sapo es la más editada en el mundo hispanohablante.

Este libro en particular, habla de la muerte.

Sin duda, la muerte es un tema tan natural como complejo. Realmente no sé si en general para los adultos es tan complicado hablar de esto con un niñ@, pero en mi caso me vi enfrentada a esto hace poco tiempo con mi hija mayor y por momentos vacilé profundamente en cómo abordarlo o si era mejor ignorarlo u obviarlo.

Recordé entonces que alguna vez había leído una entrevista a J.K. Rowling acerca de la muerte en se saga Harry Potter y ella hacía referencia a lo normal que el tema era para sus lectores infanto-juveniles. 

Aunque no supe muy meditadamente cómo explicarlo, abrí el tema de la muerte a mi hija, lo que se ha ido construyendo poco a poco y que nos ha ofrecido mayores gratificaciones de las pensadas, pues incluso he podido vincularla al recuerdo de mis propios seres queridos que han partido y que, en gran medida, forman parte también de su propia historia.

Sapo y La Canción del Mirlo hace eso, narra la experiencia de sus personajes animales con la muerte, de forma natural y clara, tal como puede ocurrirle a cualquiera de nuestros hij@s. Lo más interesante, en mi opinión, es que el libro no intenta hacer una explicación metafísica o teológica de la concepción de la muerte, sino más bien de cómo los personajes enfrentan esta situación. Y eso me parece interesante porque le otorga un lenguaje universal a la obra.

Sapo y sus amigos encuentran al Mirlo que ha muerto, esto les produce una gran tristeza y recuerdan sus canciones que les alegraban. Entonces, realizan el rito fúnebre que no es otra cosa que su despedida y -esta es la parte que a mí me encantó- la actitud posterior que adoptan es de disfrutar la vida y recordarlo con alegría.

La historia asume la naturalidad del proceso de la muerte, pone énfasis en la necesidad de vivir el duelo, pero ofrece la salida de continuar la vida dignificando y honrando con ella a los que han partido.

Cuando leímos el libro con mi hija mayor, fue muy emocionante, pues ella sintió la tristeza de los personajes e incluso me emocionó a mí al relacionarlo con mis familiares difuntos. Pero al finalizar la historia, quedó tranquila y satisfecha con el desenlace y se durmió con esa paz envidiable de los sueños infantiles. Tanto le gustó, que lo eligió para un proyecto preescolar, venciendo las múltiples historias y libros de princesa que inunda su mundo de fantasía.

 

jueves, 28 de agosto de 2014

Karina y Sofía: el derecho a amamantar es de todas



El martes 26 de agosto, tras meses de silencio, Karina Alarcón ya no pudo más y se decidió a denunciar por vía de su facebook el atropello que vive ella y su hija de 5 meses: su empresa, un contratista de Minera Escondida a mil kilómetros de Antofagasta, se niega a respetar su derecho a amamantar. De Madre a Comadre se comunicó con Karina y nos comprometimos a difundir y apoyar su demanda por el derecho de Sofía a recibir la leche de su madre. Aquí su denuncia.

viernes, 22 de agosto de 2014

Marta Durán: ilustraciones para niños con temas de “grandes”


Podríamos decir que cuando Marta Durán tuvo a su primer hijo, Antonio de 4 años, consigo parió también a Marta Durán Ilustradora. Desde Villa Alemana, la joven profesora de arte de profesión e ilustradora infantil por opción, ejerce la maternidad al tiempo que dedica sus ilustraciones a la enseñanza de valores para un mundo mejor. Conversamos con ella de sus libros y la creación infantil. Por Danae Prado C.

lunes, 18 de agosto de 2014

Chile: dónde el amor de mamá es víctima de la desigualdad



Desde ayer tenemos rabia, vergüenza e impotencia. ¿La razón?, evidenciar que en Chile no se respetan los derechos más básicos de la infancia y la maternidad. En concreto, hemos conocido a Victoria y su madre Gloria. La pequeña de 1 año y 11 meses se fracturó la pierna y está ingresada en el hospital Carlos Van Buren de Valparaíso. Como tod@s l@s niñ@s chilen@s que son atendidos por el sistema de salud pública, Victoria está separada de su madre y solamente puede ser  cuidada, alimentada y amada por ella algunas horas del día. Por comadres Fernanda Romo y Danae Prado. 


jueves, 14 de agosto de 2014

Parir en casa: un camino hacia la salud emocional y construcción de una sociedad más feliz y menos violenta.


La Comadre Invitada de esta semana, Raquel Ollino, escribe en esta columna sobre el parto en casa, afirmando que no tiene nada que ver con una moda sino más bien con el retorno a las raíces y un aporte a una mejor sociedad. 

lunes, 11 de agosto de 2014

Banco de leche materna: igualdad desde la cuna, reposicionamiento de la mujer


El jueves 7 de agosto, último día de la Semana Mundial de Lactancia Materna, presentamos ante la Cámara de Diputados un proyecto de ley para crear Bancos de Leche Humana. A mi juicio, este proyecto tiene una relevancia en dos dimensiones: la de generar políticas públicas de igualdad social para niños y niñas y la de avanzar en una nueva mirada del rol social de la mujer. Por Diputada Camila Vallejo (*)

lunes, 4 de agosto de 2014

Florencia Bossié: debemos ofrecer a l@s niñ@s una relación amorosa y sin presiones con los libros.



Florencia Bossié es una bibliotecaria argentina, que divide sus días entre su trabajo como Encargada de Dirección de Salas-Museo en la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina; proyectos de memoria y Derechos Humanos a través de las bibliotecas, y la crianza de su hijo Hilario, de tres años y 5 meses. Por Danae Prado C.

miércoles, 23 de julio de 2014

La violencia no es norma ni normal.


"(...)La mayor de las niñas -orgullosa- me decía: “Yo me estoy comportando muy bien, hace meses que no me pegan con el cinturón”. O sea, si  hace algo inadecuado a ojos de sus padres, le golpean; si hace algo bueno, no le pegan. 
Los golpes son la vara de medir para felicitar, castigar y educar (...)"

                           
 
La pasada Semana Santa me ví al siguiente panorama: estaba merendando con 4 niñ@s de entre 7 y 11 años y sus respectivas familias, minutos atrás a uno de ellos le habían pegado y los padres pululaban alrededor de la mesa como si nada. Entonces, le pregunté a cada niña/o si sus padres-madres les pegaban y recibí cuatro respuestas afirmativas. Los niños, a pesar de mi pregunta, siguieron comiendo como si les hablara de cualquier tema sin importancia.
Sé que puedo ser cuestionada por preguntar, pero mi intención no era otra más que remover a los padres y madres de estos niños.
 
El sí como respuesta no fue asombroso, porque conozco a estos niñ@s y sé que  los golpes como “método educativo” son parte de su cotidianeidad, por eso lo de “provocar” a los padres con mi pregunta. En otras ocasiones he sido honesta con ellos y les he dicho directamente que con violencia no consiguen nada, ni mucho menos educar o corregir a sus hijos. Pero no cambian y apelan a la libertad de acción con sus hijos (“son míos y hago lo que quiero con ell@s”)
 
Lo que sí me dejó  preocupada de las respuestas, fue que las nalgadas y/o cachetadas son para ellos un parámetro de comportamiento. La mayor de las niñas -orgullosa- me decía: “Yo me estoy comportando muy bien, hace meses que no me pegan con el cinturón”. O sea, si  hace algo inadecuado a ojos de sus padres, le golpean; si hace algo bueno, no le pegan. Los golpes son la vara de medir para felicitar, castigar y educar.
 
Se termina el diálogo y seguimos comiendo galletas.
 
Los que lean este relato pensarán que son cuatro niños agredidos, de familias desestructuradas, al borde de la marginalidad. Pero no. Tienen vidas y familias “comunes y corrientes”, lo que acostumbramos a decir “normales”.
 
Seguro que ustedes también han escuchado, sin indicio de preocupación ni culpabilidad, a padres, madres, abue@s, etc, decir “Un golpe bien dado, no mata a nadie”. “A tod@s nos han pegado y aquí estamos sin ningún problema”. Yo  lo he escuchado cientos de veces y voy a desmontar tales afirmaciones.
 
¿Qué los golpes no matan?, ¿y las miles de mujeres que mueren víctimas de violencia de género? Ellas mueren a golpes. Ya sé lo que pensarán algún@s: “ésta mujer que escribe es una exagerada”, pero no. Los golpes durante la infancia determinan nuestro comportamiento y reacciones cuando somos adultos. Si un niño es educado con violencia física, verbal y /o emocional, crecerá con estas conductas y las hará normales (más adelante me detendré en el significado de “normal”), por lo tanto resolverá sus problemas, frustraciones e inseguridades con la única herramienta que posee: la violencia.
 
Pero además, si ese niño ahora es hombre y lo juntamos con una mujer que fue violentada en su niñez, disminuida en su autoestima y que no conoce otra manera de relacionarse porque normalizó la violencia, ejercerá también violencia aguantará y justificará su situación (por diversos motivos) antes de reconocerse víctima de violencia machista o de género.  En la mayoría de los casos las mujeres no denuncian a sus agresores y casi nunca lo hacen después del primer golpe.
 
Las infancias violentadas son el principio de las mujeres víctimas o muertas en manos de sus parejas. He de aclarar que en estas relaciones  también hay un componente amoroso, pero me dirán: ¿cómo va a existir amor, sí él le pega? Entonces debo deducir ¿que los padres y madres que golpean a sus hij@s no los aman? Creo que en ambos casos el verdadero amor (y del bueno) escasea y se confunde con las muchas “formas de amar”.
 
Hay múltiples maneras de violentar a nuestros hij@s, algunas tan sutiles que las invisibilizamos. No sólo es violento el régimen Sirio o Israel  que mata a niños inocentes por doquier (por dar ejemplos), o el padre que golpea a sus hijos hasta la muerte. También es violencia una cachetada como correctivo, el ridiculizar a nuestros hij@s frente a sus amigos, no atenderlos cuando lloran o no dedicarles el tiempo que ellos merecen.
 
Respecto a la segunda afirmación: “A tod@s nos han pegado y aquí estamos sin ningún problema” es falaz, puesto que, hay un problema y gordo. Tanto, que se ha hecho de la violencia una costumbre, golpear dejó de ser grave y trascendente, se banalizó. Porque para qué vamos a mentir, quien da un golpe da uno y otro y otro…tantos hasta que se convierte en  norma.
 
Para aclararme con el concepto de “normalidad” y poder argumentar su uso en la violencia, recurrí al viejo truco de mirar el diccionario y para mi sorpresa, en sus tres primeras acepciones la palabra normal dice:   “1.Dicho de una cosa que se halla en su estado natural, 2. Que sirve de norma o regla y 3.Dicho de una cosa que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”.
 
La violencia no es natural, lamentablemente se ha naturalizado. La violencia no es una norma pero como la mayoría lo hace creemos que es una regla. La violencia no debe ajustarse a ninguna norma fijada de antemano pero se ha colado en nuestra manera de vivir, educar y  amar.
 
Seamos conscientes de que la puerta de acceso al círculo vicioso de la violencia la abren los padres y madres. Se cría y educa con acciones y sí sembramos violencia, no esperemos cosechar  niñ@s amorosos que nos quieran y respeten.
 
Si fuimos niños violentados y ahora como padres no tenemos o sabemos cómo  criar a nuestros hijos, debemos pedir ayuda, conocer nuevas estrategias y mirar con ojos de niñ@ como nos gustaría haber vivido nuestra infancia, nadie elegiría los golpes a una palabra amorosa o a un beso.
 
 Amamos a nuestros hijos y no basta con eso, sino que también debemos hacerlos sentir amados.


viernes, 18 de julio de 2014

Ser madre cuando está prohibido/ Por Marcela Abedrapo


“Cuando Israel señala que los niños que ha asesinado en la playa, en sus escuelas, en sus propias viviendas eran escudos humanos o potenciales terroristas, lo que está diciendo es que tiene un desprecio incalculable por la vida” comenta nuestra Comadre Invitada sobre el ataque de Israel sobre Palestina, Marcela Abedrapo, chilena descendiente palestina, madre y Licenciada en Historia, con mención en estudios culturales.

viernes, 11 de julio de 2014

Cine y Tv infantil: para nada una cosa de niños



Enfrentarse a Mickey Mouse y compañía es una ardua tarea para una madre auto determinada como rebelde, revolucionaria y que aspira a un nuevo modelo de mundo. En el camino he descubierto que más que combatirlos, hay que acompañar a tus hijos en esa maravillosa entretención que es el cine y conducir y apoyar ese proceso para formar espectadores críticos. Por Danae Prado C.

martes, 8 de julio de 2014

Paz Alvarado: el parto en casa muestra la sabiduría de la naturaleza


Al quedar embarazada, la cantante y bordadora Paz Alvarado tomó una decisión comprometida: tendría un parto en casa. Su ambiente familiar se mostró con dudas pero Paz y su pareja Alexander, se mantuvieron firmes en esta determinación que contemplaba su visión de la crianza con apego. De madre a comadre la eligió como Comadre Invitada de esta semana. Por Danae Prado C.


Paz es Licenciada en Arte y Gestión Musical con mención en Canto Popular de la Universidad Valparaíso. En las aulas de la UV conoció a su pareja Alexander y juntos crearon el dúo Lila&Morocho y hace un año dieron luz a su mejor composición: Aurora Ayelen.


La joven cantante y también bordadora popular decidió tener a su hija en un parto natural en la casa. Una costumbre que hace 100 años era muy usual, pero que ahora se mira como bicho raro. Paz la asumió como una determinación de amor y así también enfrenta la crianza de su hija.


¿Por qué decidiste realizar tu parto en casa?

Siempre quise ser madre, por lo que cuando una amiga me comentó que tuvo a su bebe en casita me quedé con la idea. Cuando supimos con mi pareja que tendríamos un bebé, yo le propuse la idea; previamente me informe mucho a través de las redes sociales y encontré muchos testimonios, documentos y videos que reafirmaron mis ganas y entusiasmaron a mi compañero.

La idea de conectarme totalmente con mi niñ@  me emocionaba mucho y sabía que para lograr esa conexión divina y maravillosa la intimidad y el calor de mi hogar era fundamental.

¿Cómo es el proceso para hacerlo?

Nosotros sabíamos que existen riesgos para realizar un parto, por lo que teníamos hasta plan z por si acaso.

Tuve controles de rutina en el consultorio con una matrona tradicional, además nos contactamos con una doula y otra matrona que realiza partos en casa. Con nuestra doula teníamos reuniones mensuales en donde nos aclarábamos dudas, comentábamos textos,  etc.

Además participé activamente de un taller de danza espiral que ella impartía, donde conocí  mujeres en la misma sintonía que yo, pues es una danza que mezcla y rescata movimientos de diferentes culturas que se enfocan en las caderas, la pelvis, además de todo el cuerpo,  sirve como relajación, adquieres conciencia de tus extremidades, es decir, vas preparando "el terreno" por así decirlo.

¿Cuál es la historia que contarás a Aurora sobre su nacimiento en casa?

Uf...que fue una experiencia inolvidable, en donde sellamos un pacto de amor entre los tres.

Fue una experiencia que marcó mi vida, donde adquirí seguridad sobre mi capacidad de ser madre, que luego de 30 horas de trabajo de parto pude aprender muchas cosas, también darme cuenta de la hermosura y la sabiduría de nuestra naturaleza y que aquel momento fue el inicio de este viaje familiar.

Siento que el mayor aprendizaje de aquel momento tiene que ver con vivir el presente, disfrutar cada etapa de la vida y guiarse por el alma más que por la mente.

¿Cómo se manifiesta la crianza natural a diario?

Yo siento que se manifiesta cuando se es fiel a nuestros instintos de madre. En un mundo tan marcado por la inmediatez, el dinero, es muy difícil ser una mamá tan natural, ya sea porque no hay tiempo o porque los precios de los alimentos son muy elevados.

Yo tengo la suerte de poder acompañar a mi pequeña en sus procesos diarios de crecimiento y alimentación y se hace difícil entregarle lo mejor, no es imposible, pero sí  muy sacrificado.

Pienso que ser categóricos y fundamentalista es un grave error, por eso yo opto por poner en práctica lo que más pueda la crianza natural, pero no me muero si mi hija come un pedacito de pan.

¿Por qué crees que es importante enfrentar la crianza de esta manera?

Para mí una crianza así tiene que ver con un cambio de paradigma. Con este tipo de crianza siento que podemos cambiar el mundo, dejar de subestimar  a los bebes y darles amor es una revolución.

Eres cantante y también bordadora, ¿se ha modificado la manera de ver tus oficios con la maternidad?

No sabría exactamente en qué, pero siento que sí, pues hoy soy otra. Mi visión de vida es diferente. Al momento de cantar mi inspiración es grande y potente, quizás no siempre sentí eso, pues hoy resulta ser que mi más grande inspiración es mi hija y mi familia, que siempre están.

Y los bordados llegan a mí a través de aurora, cuando me embarace me sentía llena de  arte y así llego el bordado

En una frase, ¿cómo definirías la crianza rebelde y con apego?


La revolución del amor.


viernes, 4 de julio de 2014

Valentina Carmona: los mandalas envuelven a mi pequeña

 

El periodo de embarazo llevó a esta joven madre primeriza a conocer la antigua técnica de enlazar lanas y colores para formar mandalas, la que hoy integra en la crianza de su pequeña de 10 meses, Isabella. Por eso la invitamos a ser nuestra comadre invitada para que nos hable de este proceso. Por Danae Prado C.



Egresada de Ingeniería Forestal de la Universidad de Chile, Valentina y Bryan se hicieron a la maternidad y paternidad el 2013 y eso transformó sus miradas de la vida.

En este camino, Valentina conoció la técnica de tejer mandalas con lanas y al pasar del tiempo se transformó en facilitadora de este proceso en Espacio Alquimia- centro de terapias alternativas- y además ha experimentado integrar estas técnicas en la crianza de su hija.


Mandala significa en sanscrito círculo sagrado y su descripción es que son “representaciones simbólicas y espirituales del macro y microcosmos” utilizadas por el budismo e el hinduismo.

¿Cómo llegas a los mándalas?

En la búsqueda de un regalo para Isabella, mi cuñada me comentó lo de los mandalas y fue ella la que me enseñó a tejerlos

¿Cómo los mandalas y su creación influye en tu hija?

Oh fue algo mágico! Cuando cargaba a Isabella dentro de mi panza, nacieron en mí las ganas inmensas de diseñarle algo con mis manos. Hasta ese momento, creía que mi capacidad artística era cero, sin embargo, llegaron a mí estos sagrados círculos, los mándalas, y me di cuenta “yo también puedo!”. 

Cuando trenzaba estas lanas,  me envolvía una profunda calma, mi capacidad de asombro aumentaba al apreciar la combinación de puntos y colores, me hacía disfrutar el aquí y el ahora, todas esas sensaciones se traspasaban a mi pequeña, pero sin duda, lo más lindo fuer ver como los mándalas envolvían su mirada, además fue lo primero que logró mover con sus manitos.

¿Qué efecto ves en Isabella con los mandalas?

Los círculos como que la hipnotizan, no sé sí serán los colores o el vaivén de los mandalas colgados, pero de alguna manera se calma y contenta con mirarlos, la dulzura de su mirada con los mandalas es maravillosa.

¿Porqué acudes a la medicina antroposófica con tu hija?

Porque no queríamos darle cualquier remedio, en la medicina antroposófica los medicamentos son naturales, no se utilizan químicos. Sin embargo, debido al alto costo y a la mínima cobertura de la isapre, ya no acudimos a esta medicina, aunque encontramos una pediatra de la medicina tradicional, que no administra remedios “al por mayor” y es bastante respetuosa con los niños y la decisión de los padres.



¿Qué otorga esta medicina a diferencia de medicina tradicional?

Tiene un enfoque distinto frente a una enfermedad, la primera fortalece el sistema inmunológico, dejando que los síntomas se presenten (por ejemplo, recomienda no bajar la fiebre) y la segunda ataca esos síntomas, lo que provoca que el sistema se debilite. Aunque es bastante difícil ver a los hijos enfermos y no hacer “nada”.

¿Recomiendas a otras madres uso de medicina alternativa, como piedras obsidianas?

El uso de Piedras Obsidianas en conjunto con Flores de Bach, me ha servido para sentirme más libre, con esta terapia he realizado un viaje al pasado, lleno de descubrimientos buenos y malos, sin duda, son mucho los beneficios de tomar consciencia del ser que llevamos dentro. Yo le recomiendo a las madres que traten sus culpas, sus penas porque el mejor regalo que le podemos hacer a nuestros hijos, son padres sanos del alma.

En una frase, ¿qué significa la maternidad y crianza rebelde y con apego para ti?

Es un redescubrimiento del mundo con mucho amor y respeto 


                          

miércoles, 2 de julio de 2014

Cine en su casa: Miss Representation(2011)


Miss Representation es un documental que deberían dar en todas las escuelas públicas del mundo. Así de importante es a mi juicio el contenido de este filme que muestra la manera en que la industria de las comunicaciones representan, o mal representan, a las mujeres, instalando y reproduciendo la desigualdad de género.


martes, 1 de julio de 2014

"Cuando entras en el trance de tu bebé, no hay dolor, es otra la sensación, es de movimiento, de transformación" Entrevista a Daniela Conejeros




Enfermera, acupunturista y bailarina, el cuerpo es, para Daniela Conejeros, un mundo propio al que no se le teme, un campo conocido y a la vez insondable, fuente de placer, amor y trascendencia.  Daniela vive en Mulchén, en el sur de Chile; es madre de tres hijos y cada uno de sus partos ha sido una cátedra para quienes buscan entregarse a la vida naturalmente. 

Por Consuelo Hayden G. 

Mucho se habla del dolor del parto y del parto sin dolor. ¿Qué piensas tú al respecto?

La percepción de dolor es subjetiva. Yo no sentí dolor en ninguno de mis partos. Cuando entras en el trance de tu bebé no hay dolor, es otra la sensación, es de movimiento, de transformación de que ya nada queda igual. La llegada de un hijo transforma tu vida y eso queda grabado en tu cuerpo. Si elevas tus pensamiento al momento del parto y rompes tus propias membranas y dejar caer el velo y te entregas a esa pequeña muerte, el dolor no existe, solamente es algo natural como la vida y la muerte.

Ya has tenido tres partos ¿Qué has aprendido de tu cuerpo y de tus emociones en éstos? 

Descubrí que los márgenes de la vida y de mi cuerpo son mucho más amplios, y que mi talla más de pantalón no es un mero golpe a mi ego vanidoso. Soy capaz de vivir situaciones y sobrellevarlas de mejor manera, el empoderamiento se quedó dentro de mí, sentí el impulso vital que me entregó cada parto.

La vida es perfecta y nuestros niños lo son. No olvidemos que esto se trata de eso: de traer a la vida a estos nuevos seres de una manera amorosa y significativamente simbólica, y así de pasada intentar ser mejores personas. 

Para las futuras mamás ¿Cómo prepararse para el parto?

Estamos todas las mujeres fisiológica y anatómicamente, en la normalidad, listas para parir. Quizás la preparación que se requiera es mental y eso parte cuando surge la inquietud, que luego se trasforma en deseo y culmina en la acción del parto, en llevar acabo lo que deseaste y en la magia del deseo concedido. En entregarse por completo una vez llegado el momento inminente del parto. 

¿Y cómo recuperarse?

La recuperación es gradual, el movimiento interno/externo es grande. Hay que amar y cuidar a tu hijo, y amar y cuidarse a una misma, alimentarse bien y mover el cuerpo.





jueves, 26 de junio de 2014

"Cada una de las experiencias vividas se transforma en aprendizaje con un nuevo hijo". Entrevista a Camila Pérez



Tener el primer hijo es una conmoción para toda mujer. Tener un segundo hijo, es una valentía. Pero tener un tercer hijo... bueno, todas las anteriores. La diferencia es que hay una experiencia acumulada y un autoconocimiento de mamá que permite probar nuevas técnicas, tomar otros riesgos y otras decisiones. Y esto no quiere decir que una esté blindada frente a las dudas y el cansancio. Entrevistamos a Camila Pérez Gallo, joven madre de tres hermosas criaturas, antropóloga e integrante de la La Leche League de Iquique, en el norte de Chile, para conocer su experiencia y aprender.
Por Consuelo Hayden G.

miércoles, 25 de junio de 2014

Música para tus oídos: Andrea Echeverri



Conocí este disco de Andrea Echeverri antes de ser madre y aún así logró transmitirme un poco las distintas sensaciones de la espera y primeros pasos de la maternidad: las patadas en la panza, el parto, las primeras palabras. Hoy, muchos de sus temas son las canciones de cuna de mi pequeño.

martes, 24 de junio de 2014

Cine en su casa: "¿Quién dice que es fácil?" (2007)

Siempre que veo una película trato de encontrar su sentido más allá de lo que de manera evidente cuenta su reseña, título o premisa. Esto me pasó con "¿Quién dice que es fácil?"(2007), película argentina que mi mamá encontró en Netflix y que muestra el choque de dos visiones de mundo que se enamoran.

jueves, 19 de junio de 2014

Cine en su casa: Motherhood


Vi esta película un día hace mucho tiempo en el cable y me sentí muy identificada por su protagonista, la atribulada Eliza, ex escritora promesa, madre de dos hijos y esposa de un editor, hoy dedicada a la maternidad y a actualizar a diario un blog.

martes, 17 de junio de 2014

Mujeres madres y la triple jornada


Esta columna la iba a escribir en el marco del 1º de mayo. Sí, hace 50 días pensé en la estructura de una columna que hablara de la mujer, la maternidad y el trabajo, y de la doble jornada que aún pesa sobre nuestros hombros. Y bueno, esta misma doble y a veces triple jornada de las mujeres, hizo que recién hoy pueda escribirla.

jueves, 29 de mayo de 2014

“Déjalo llorar, que no le pasará nada…”.


"(...)Creo que ella no sabía la magnitud y las consecuencias de dejar llorar a los niñ@s. La fuerza de la costumbre, del boca a boca, el perpetuo poder de los mitos y la falsa creencia de que aquí estamos cómo prueba viviente de niñ@s no consolados, transformados ahora adultos “estupendamente” (mal) criados, eran sus argumentos más contundentes (...)".
Por Fernanda Romo Ayala.

De izquierda  a derecha, cantidad  de conexiones sinápticas en un recién nacido, a los 2meses y a los 2 años.
Imagen: http://pediatriajovel.blogspot.com.es/2013/07/estimulacion-temprana.html

lunes, 26 de mayo de 2014

10 razones para no cortar el cordón umbilical / Imma Sarries*.


Al hilo de  nuestra última lámina, sobre el corte tardío del cordón umbilical, la matrona Imma Sarries nutre y da valor científico a nuestro trabajo. A continuación, publicamos " 10 razones para no cortar el cordón umbilical", estas son sus conclusiones previa revisión bibliográfica, sobre los efectos adversos del corte inmediato del cordón umbilical.

El cordón umbilical del BEBE A  fue cortado de forma prematura. En cambio, a su  hermano/a el BEBE B , le fue cortado el cordón cuando éste ya había dejado de latir.

martes, 13 de mayo de 2014

Gramática maternal



Estamos celebrando que nuestro blog ya tiene más de 5.000 visitas!
Para todas nuestras lectoras, lectores, seguidoras y seguidores
Gracias!!!!

Gramática maternal
Conjugación del verbo Amamantar.
Creación literaria y adaptación gramatical de las comadres!

Dmadreacomadre.


Yo amamanto
Tu criticas
El/ella disfruta
Nosotros nos amamos.
Vosotros os callais.
Ellos/ellas crecen felices. 



sábado, 3 de mayo de 2014

Fruta de temporada. ¿Alguien sabe cuáles son?

¿Desde cuándo el "Señor Internet" me provee más que mi propio entorno? ¿Cómo estoy tan enajenada de la realidad que desconozco la fruta de temporada? ¿O es acaso que la realidad se ha desnaturalizado? ¿Cómo puedo educar al natural,educar saludablemente u otro, si no lo conozco?. Por Millaray Neira.



martes, 29 de abril de 2014

En el centro de la vía láctea



“...Parece que siempre hubiera que corregir a la naturaleza, corregir una mala práctica (mala costumbre, mala crianza, vicio, maña, ignorancia...) nuestra o de nuestro bebé. Se nos exige seguir al pie de la letra un estricto control externo de algo tan íntimo como la lactancia, donde confluyen instintos, amor y cultura.”  Por Consuelo Hayden

domingo, 27 de abril de 2014

Ser o no ser / Por Nuni Calzascortas.


"(...)Que tu hijo/a duerma en otra habitación, que vaya a la guardería, que tome biberón o que se lo quede, su padre martes y jueves por la tarde, no son sino descansos y subterfugios: tu vida ya no es tuya, aunque hayas conseguido tener dos horas libres diarias. Pero, hay pocas cosas tan bonitas como despertarse con tu enana hecha una bola en tus brazos, hacerle cosquillas cuando quiere jugar o verla bailando The Ramones como si no hubiera mañana... No hace falta que me robe la independencia, ya se la regalo yo.(...)". Por Nuni Calzascortas.

jueves, 24 de abril de 2014

Madres inmigrantes. Nuestr@s hij@s tienen su propio origen.


La maternidad en el “exilio” te hace más fuerte, pero más vulnerable al momento de criar, ya no tienes tribu. Tienes que empezar a construir afectos y confianzas que te ayuden a sostener y sostenerte. Por Fernanda Romo Ayala.


miércoles, 16 de abril de 2014

Mi primer año de madre por dos.


"Y todo los supuestos errores que dije no volver a cometer como mamá, los repetí. Todas las supuestas cosas ya sabidas me volvían a sorprender. Todo lo que ya me había emocionado, me volvió a conmover.". Por Millaray Neira A.

martes, 15 de abril de 2014

Valparaíso: L@s niñ@s y la recuperación.



Nuestra ciudad sigue ardiendo, el fuego se ensaña con los porteñ@s.  Devoró sus casas, sus recuerdos y su patrimonio. No contento con eso, sigue amenazando a miles de familias en un ir y venir de angustia y desesperación.

Tod@s l@s que estamos atados a ese puerto que enamora, conocemos a alguna persona o familia que lo ha perdido todo. Volver a levantar a Valparaíso y a su gente es una tarea colectiva, y es necesario reconstruir desde la honestidad, el sentido común, el amor y el respeto.

martes, 8 de abril de 2014

También parimos desde el cerebro.


 Entonces, sí la oxitocina es la estrella para que un parto fluya naturalmente y no convive con la adrenalina. ¿Por qué los partos hospitalarios son tan adrenalínicos?, por Fernanda Romo Ayala.

miércoles, 2 de abril de 2014

Expropiación. Parte II



“…Durante todo ese tiempo y los minutos que siguieron al corte, la matrona gritaba. ¡Me gritaba a mí! Aparte de que me perturbaba su voz –no dejaba concentrarme–, me parecía ofensivo, agresivo, absurdo que se pusiera cual entrenador de futbol a gritar instrucciones al borde de la cancha…” 
Por Consuelo Hayden

Esta fotografía es de pocos minutos después de que mi guagua (así llamamos a los bebés en algunos países andinos) naciera. Es una clásica imagen de parto, pero, no sé... ¿me están entregando al bebé?, ¿me lo están quitando? Ahora no puedo decirlo, ambas cosas sucedieron, así suelen ser los partos “naturales” en las clínicas chilenas: muy confusos, realmente no se sabe si es la madre la que está pariendo.

Cuando ingresé al pabellón de maternidad pensé “esto es demasiado...” Era un espacio muy amplio, blanco y gris, en cuyo centro se encontraba un enorme y complicado aparato ginecológico, mitad camilla-mitad silla, donde evidentemente yo tendría que montarme y pujar. Me pusieron acostada, piernas arriba. Pedí estar sentada, y me habrán hecho caso en unos 40°, lo que a la matrona le pareció mal, y a mí me dejó en una situación donde sentía que resbalaría hasta el suelo en cualquier momento, pues el aparato era más camilla que silla.

El doctor y la matrona tomaron posición en primera fila y bajaron las luces, tal como yo lo había solicitado, pero acto seguido encendieron un gran foco apuntando hacia mi pelvis. Acaso cuando diseñaron este sistema se preguntaron “¿cuál sería la peor forma de parir/nacer?, ¿cuántas generaciones se necesitan para que las mujeres olviden cómo parir y se vean obligadas a acudir a nosotros?, ¿cuánto es lo máximo que podríamos cobrar por este suplicio?” Lo estoy viviendo, pero me parece ciencia ficción, mi propia silueta es obscura y los rostros de los doctores brillan muy cerca de mi cuerpo, entre mis piernas observan, meten sus narices y sus manos, fruncen el cejo. Se escucha fuerte por los parlantes el corazón de mi bebé. Mi pareja está a mi lado, no lo veo, pero toma mi mano, nervioso.

Yo estaba atenta a las contracciones, a mi respiración y a cualquier instrucción o comentario que pareciera importante. “Viene con la nariz para arriba”, “trae una mano en la cara, el cordón umbilical al rededor” “Esto viene complicado, Consuelo, vas a tener que pujar muy fuerte cuando nosotros te digamos”, “No podemos esperar más, los latidos del corazón del bebé están bajando”, “tenemos que hacer episiotomía, lo siento Consuelito...” Con esas frases siempre van a obtener la colaboración (entrega absoluta, autosacrificio a ojos cerrados) de la madre. Lo que más nos importa en ese momento es que el bebé nazca vivo y sano. “¡Bisturí...!”

Durante todo ese tiempo y los minutos que siguieron al corte, la matrona gritaba. ¡Me gritaba a mí! Aparte de que me perturbaba su voz –no dejaba concentrarme–, me parecía ofensivo, agresivo, absurdo que se pusiera cual entrenador de futbol a gritar instrucciones al borde de la cancha. Yo respiraba como había practicado y como sentía que mi cuerpo me lo pedía, eso me daba seguridad. Pero para ella no, todo estaba mal: “¡No respires así!, ¡eso no te sirve de nada ahora!”,“¡Empuja ahora, AHORA!, ¡más fuerte! ¡MÁS FUERTE!" Yo trataba de borrarla de mi mente, concentrarme en mi guagua, mi cuerpo, pero ella mandaba “¡Abre los ojos, mírame, mírame, concéntrate acá!” Está loca. Más tarde pensé lo mucho que me habría gustado sacar una pierna del ridículo aparato y propinarle una buena patada y un “¡usted cállese!”, eso habría sido suficiente para eliminarla de la escena. Pero yo permanecía en una obstinada calma, creo que no emití más sonido que el de mi intensa respiración. No estaba dispuesta a entrar en su show hiperventilado, neurótico.

Pujando y pujando, entre gritos de la matrona y del doctor, en pocos minutos mi bebé asomó su cabeza y luego sus hombros; el resto del cuerpo resbaló fácilmente fuera del útero. El doctor lo agarró, lo dejó rápidamente sobre mi vientre y se puso a tratar de detener mi abundante sangre; inmediatamente puse las manos sobre mi guagua, afirmándola; era enorme, su cuerpo estaba muy caliente, mojado y desprendía vapor. El doctor había dejado al bebé mirando hacia él, yo no veía más que su silueta obscura recortada contra la luz del foco, pero me parecía maravilloso que ya estuviera aquí afuera ¡lo estaba tocando y aún estábamos conectados por el cordón umbilical! parecía una visión... Luego de unos instantes, otra mujer, quizás una enfermera, lo tomó y lo llevó a un costado de la habitación, donde mi pichichen (en mapudungun, pequeño niño amado) comenzó a llorar: desnudo y recién parido fue pesado, medido, vacunado, etc. etc., todas esas cosas que solo un doctor podría considerar urgentes, más importantes que un largo abrazo entre un recién nacido y su mamá. Tuve que contentarme con que mi pareja lo acompañara. Después de ese ritual médico, lo envolvieron en pañales de tela y lo pusieron sobre mi pecho, el momento luminoso, cósmicamente infinito, en que nos miramos a los ojos por primera vez...  ES HERMOSO... LO AMO... ninguna otra idea o sentimiento se presentó... YO SOY TU MAMÁ... TE AMO... gracias, gracias, gracias...

Ahora se lo iban a llevar a otra parte, pues en esta clínica la humanidad no daba para que madre e hijo permanecieran juntos, sino hasta un par de horas después del parto, pero yo había insistido tanto en que no me lo quitaran, que el doctor le pidió a la enfermera que lo dejara mientras él cosía la episiotomía. Habrán sido 20 minutos, no sé exactamente, en que pude abrazar y mirar a mi guagua. Pero terminó, la  enfermera lo tomó y se lo llevó como si nada, como si fuera lo mejor que se podía hacer por ese bebé en ese momento.

Yo quedé unos minutos sola en ese raro lugar, hasta que un hombre me llevó en otra camilla a la sala de recuperación. Ahí se me acabó el estoicismo. Se trataba de una sala con muchas camillas, una al lado de otra, donde yacían muchas madres en diversas condiciones. Encontré que todas parecían haber pasado por algo peor que mi parto, pero quizás yo también me veía así, con la dignidad y el cuerpo medio atropellado. Ninguna tenía a su bebé, habían pasado quizás cuántas horas de esfuerzo, desgarrado su cuerpo y su corazón, y no podían tener a su hijo en brazos. Se escuchaba, proveniente de alguna sala cercana, muchas guaguas llorando, todas al mismo tiempo, ¿cuántas serán?, ¿cuál es la mía?, ¿por qué nos hacen pasar por esto? es totalmente innecesario, es totalmente inhumano. Esta situación debe haber durado más de una hora. A cada rato venían a medirme ya no sé qué cosa, y yo lo único que quería era salir de ahí, tomar a mi guagua y llevármela a mi casa.

Cuando alrededor de las doce de la noche me llevaron a la que sería mi habitación compartida por tres días, me encontré nuevamente sola, sin mamá, sin pareja, sin guagua. Estuve muy nerviosa, se demoraron bastante en traer a mi bebé, y cuando finalmente llegó, fue en una cuna-carro, acompañado de dos mujeres. “Buenas noches, soy la matrona de turno, vengo a darle explicaciones por las heridas de su hijo...” Sentí que me desvanecía, miedo, mareo, me bajó la presión... pero se trataba de unos rasguños en la cabeza, nada más, “su hijo está bien, y de hecho viene con mucha hambre”. La matrona literalmente me lo enchufó en la teta y él se puso a mamar desesperado. Al día siguiente, supe que las heridas fueron causadas por la matrona que atendió mi parto, cuando decidió romper el saco amniótico con una pequeña herramienta cortante. 

Yo estaba confundida, nada era como pensaba, todavía no me reponía del pánico y mi guagua ya estaba mamando, sin que yo hubiera alcanzado a pensar ni sentir nada. Yo tenía demasiada hambre, no comía hace muchísimas horas. Para él debió haber sido igual, supongo: obscuridad, luz, llorar, llorar, hasta que de repente, no sabe cómo, el pecho de su mamá, había que beber lo más posible.

Este relato es tan común como los hospitales, tan cotidiano como nacer, miles y miles de mujeres lo viven todos los días. No es que yo tuviera “mala suerte”.  Como toda fábrica, el proceso se despersonaliza totalmente, se deshumaniza, se convierte en una serie de pasos cumplidos con una técnica impecable, implacable. Cuando lo volvemos a mirar desde el amor, desde la ternura que somos capaces de sentir por y entregar a nuestros hijos/as, aparece en primer plano la brutalidad del parir/nacer bajo ese régimen. ¿Por qué no denunciamos? Porque, después de todo lo que pasamos, que nos entreguen al bebé vivo y sano parece un milagro que se agradece infinitamente; porque durante los primeros meses de crianza apenas hay tiempo para tomar una ducha, mucho menos para entablar una demanda; porque es lo que se ha instalado como normalidad, y hasta las mujeres que nos rodean nos dirán “estupendo parto”. Pero basta, tenemos que aprender que el parir/nacer con amor y en libertad es nuestro derecho, es vida y salud de verdad. 

Por Consuelo Hayden