Un
hombre- no puedo llamarlo señor o caballero pues es mucho para él, a quien además
no voy a mencionar pues no merece más publicidad- encendió las redes sociales al
calificar a la diputada Camila Vallejo de elitista por llevar a su hija a
trabajar y la mandó a contratar una "nana".
viernes, 24 de abril de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
¿Qué tiene que ver el feminismo con el amamantamiento?
A
primera vista, la mayoría de las personas diría, “no hay nada en común”.
Después de todo, el pensamiento convencional es que el amamantamiento es un
deber maternal que fuerza a las mujeres a postergar sus aspiraciones
profesionales para lograr algunos ideales de maternidad, mientras el feminismo
es sobre la liberación de la mujer de exactamente esas trabas. Caso cerrado. ¿O
no?. Por Alison Stuebe*
jueves, 5 de marzo de 2015
Violencia virtual contra niños y la indolencia de los Me Gusta
Cada
cierto tiempo algún amigo de facebook sube un video de niños siendo violentados
por sus padres como motivo de risas de sus progenitores y de miles de me gustas
de esta red social. Como madre y ser humano me parece tremendamente violento
ver estos videos, pero además me llama a reflexionar sobre la acción social en
nuestras crianzas. Por Danae Prado C.
lunes, 23 de febrero de 2015
Palabras que crean: el poder del lenguaje.
"El lenguaje no solamente influye en la formación sociocultural que optamos por entregar en la crianza, sino también en la dimensión individual de nuestros pequeños y pequeñas. Nunca debemos olvidar que a pesar de su corta edad son seres pensantes, sujetos de derechos, y recordar que en la primera infancia logran el mayor desarrollo cognitivio-emocional del ser humano".
Por Millaray Neira
Mi hija mayor colorea un dibujo
impreso. En su búsqueda de colores me reclama que le falta el color piel entre
sus lápices. ¿Color piel...? Suena la alerta interna… ¿Existe un color piel? Le
transmito mis tribulaciones a mi hija, comparamos nuestras pieles y concordamos en que no existe un color piel, sino que puede haber muchas pieles de diferentes
colores. Elige el color que tú prefieras, le digo, y ella elige entre sus
lápices sin mayor complicación ni prejuicios.
Las palabras son creadoras de
realidades, el lenguaje tiene una fuerza increíble e invisible para moldear y
moldearse tanto a nivel sociocultural como individual. Basta con dar cualquier
ejemplo de el revuelo que causan los interminables dichos “desafortunados” de cualquier político de cualquier país de
cualquier momento histórico. Y eso vale también para nuestros
hijos e hijas, por lo cual merece darnos tiempo (que tanto escasea) para
reflexionar sobre el uso consciente/inconsciente que le damos al lenguaje.
Mientras sucedía esta anécdota, yo pensaba que lo que había ocurrido era un signo de algo importante, algo a lo que debo poner mi atención, sin saber qué era. Pasó el tiempo y las reflexiones maternas fluyeron, como siempre ocurre a las madres, a lo que se sumaron ciertas capacitaciones de mi trabajo además de la lectura del libro “Hijos con autoestima positiva”, que me permiten hoy detenerme y cavilar.
Mientras sucedía esta anécdota, yo pensaba que lo que había ocurrido era un signo de algo importante, algo a lo que debo poner mi atención, sin saber qué era. Pasó el tiempo y las reflexiones maternas fluyeron, como siempre ocurre a las madres, a lo que se sumaron ciertas capacitaciones de mi trabajo además de la lectura del libro “Hijos con autoestima positiva”, que me permiten hoy detenerme y cavilar.
El uso del lenguaje, verbal o no verbal, tiene
una intención comunicativa, es decir, busca una inter-acción entre el emisor y
el receptor. Es por esta dinámica de accionar colectivo que el lenguaje crea realidades: a través de los
significados que se envían, y (esa es la magia) que el
receptor re-construye. Las palabras que usamos y no usamos, son recibidas por
nuestros niños y niñas, creando su propia lectura. Y esto es mucho más fuerte
cuando con palabras intentamos transmitir algo y nuestro lenguaje no verbal
dice otra cosa.
Cuando mi hija tenía dos años, como muchos padres enfatizábamos siempre nuestro discurso pro paz y no violencia.
Sin embargo, y en paralelo, sin darnos cuenta la involucrábamos en nuestra fijación del momento: ver la serie de televisión sobre la vida de Pablo Escobar, un famoso narcotraficante colombiano. En nuestra inocencia de
padres, comprábamos los dvd semanalmente y los veíamos en la hora de la siesta, hora en que supuestamente ella estaba durmiendo
y no iba influirle mayormente. Eso pensábamos hasta que la veo jugar a disparar con una
metralleta imaginaria, y al interrogarla me contesta que juega a Pablo Escobar.
Este fue un caso de incongruencia
de comunicación entre mi lenguaje verbal y no verbal.
Pero el lenguaje no solamente influye en la formación sociocultural que optamos por entregar en la crianza,
sino también en la dimensión individual de nuestros pequeños y pequeñas. Nunca
debemos olvidar que a pesar de su corta edad son seres pensantes, sujetos de
derechos, y recordar que en la primera infancia logran el mayor desarrollo
cognitivio-emocional del ser humano.
Como lo establece la sicóloga chilena
Neva Milicic en conjunto con Soledad López, el lenguaje que los padres y los
adultos significativos usan tienen una gran influencia en la creación del
autoconcepto de nuestras hijas e hijos, pues somos sus grandes referentes en los primeros años de vida. Señala incluso que todos los estudios demuestran que
modificaciones simples de estos adultos tienen una repercusión positiva en la
autoestima de niños y niñas. La configuración del autoconcepto es la
lectura, la creación de significados de la propia persona, en la cual influye lo
que el ambiente le comunica. Este autoconcepto se relaciona directamente con la
autoestima, que es una pieza primordial para que nuestras hijas e hijos crezcan
con herramientas sólidas para enfrentar la vida. La autoestima por tanto, se
nutre de sentirse querido y aceptado.
No creo que en verdad sea posible el
control total de nuestro lenguaje, pues no somos máquinas, y también se comunican con nuestros hijos otros que nos rodean en nuestra esencia gregaria. A pesar de ello, me parece
relevante metacognitar en lo que hacemos/decimos. A veces es importante
detenernos y escuchar nuestras propias voces. En eso tengo a mi hija menor que
me ayuda en sus casi dos años, está ansiosa de hablar y anda como un lorito
repitiendo lo que oye; y, más veces de lo que quisiera, lo que repite me asusta.
Dejo con Ud. Una cita de las
sicólogas Neva Milicic y Soledad López:
"La práctica de vivir conscientemente
significa intentar ser responsable de nuestras acciones, propósitos, valores y
metas, llevando nuestras capacidades al máximo".
sábado, 6 de diciembre de 2014
Entre el parto y el futuro de la humanidad... hay todo un mundo
Por Consuelo Hayden
Recuerdo que en una de las charlas que dio el obstetra Michel Odent* en Chile, este desarrolló la idea de que el momento del nacimiento es determinante para la emocionalidad, incluso para la capacidad de amar, que desarrollará a futuro ese recién nacido y, por lo tanto, la sociedad que construimos. Sus argumentos vienen de la investigación científica y de su larga experiencia en la atención de partos, y me pareció entonces una conclusión desoladora. Pedí la palabra y planteé mi inquietud. Dije que a mí y a mi bebé, al igual que a cientos de miles de madres en Chile, y seguramente a millones de madres en el mundo, se nos había negado la posibilidad de tener un parto libre y respetado, que nos habían violentado y quitado nuestros bebés de los brazos; y que entonces qué nos quedaba a nosotras, a nuestros hijos, que perdimos ese momento determinante. ¿Cómo reparar?
No sé si mi pregunta no se entendió o si yo no entendí la respuesta, pero creo que dijo algo como que no estamos acá para tratar casos particulares, sino que hablamos del futuro del nacer, que es también el futuro de la humanidad, pero que de todas formas existen los mecanismos culturales de la crianza, o algo así. La pregunta me ha seguido rondando, y aún no encuentro una respuesta. No es posible que seamos una especie de generación perdida.
Hace pocos días asistí a un encuentro de redes contra la violencia obstétrica**, donde participé en un conversatorio sobre activismo. Una joven madre contó una experiencia muy dolorosa. Ella estuvo todo su embarazo decidida a tener un parto natural y en casa, y defendió con uñas y dientes su decisión y su derecho. Pocas semanas antes de llegar a término, sufrió un grave problema de salud que la obligó a aceptar una cesárea de emergencia para que ella y su bebé vivieran. Cuenta el dolor y la impotencia que le produjo esto, la frustración y la culpa que sintió, como si estuviera defraudando a su bebé, a ella misma y a todos a quienes comunicó fervientemente su convicción. Aun se emocionaba al relatar su experiencia.
Más recientemente leí algo que me pareció el colmo de la irresponsabilidad. Un sitio web español publicaba un breve artículo, "Formas de nacimiento: relación emocional", donde entregaba "una lista de las formas de nacer y los condicionamientos para un posible futuro". Según su autor/a, una persona nacida por cesárea tendría "dificultades para terminar las cosas"; a quienes nacen por forceps "no les gusta sentirse controlados", y quienes pasaron por la incubadora "se sienten aislados y solos"... (siguiendo su reflexión, me pregunto si acaso esta persona nació prematuramente y por lo tanto "se apura en sacar conclusiones..."). Estas y otras asociaciones pseudológicas dichas con total ligereza son casi caricaturescas, pero lamentablemente reflejan la facilidad con que se instala un sentido común reduccionista y determinista que puede llegar a este tipo de burdas síntesis.
Estas situaciones me hacen pensar que, sin dejar de ser comprometidas con todas nuestras expectativas y convicciones, es necesario ser cuidadosas cuando, con un ímpetu activista, declaramos que el parto es tan determinante para el futuro de los niños y niñas. Me refiero a que, claro que es importante, importantísimo para nosotras y para nuestros hijos, pero no significa que por nacer por cesárea ese ser humano esté condenado a ser menos amoroso o a tener menos apego, porque hay formas de reparar (la lactancia es una de esas formas); y si nos vemos obligadas (por problemas de salud, por ejemplo) a realizar una cesárea o simplemente a tener a nuestro hijo en una clínica, no hay que pensar que todo está perdido.
Creo que además de luchar por recuperar el parto natural, también es urgente hacer una búsqueda y reconocimiento de aquellas prácticas con las que madre e hijo cultivan tempranamente el amor y la ternura: los gestos, los sonidos, los juegos -diferentes según las diversas culturas y diversas madres e hijos- con los que reconstruimos lazos y recuperamos el tiempo perdido. En el contexto de violencia obstétrica en que hoy la mayoría parimos/nacemos, estas son prácticas de resistencia. Y esto es crianza rebelde.
* Sobre Michel Odent, en Ecología del Nacer.
** Primer Encuentro Nacional de Redes por el Parto Respetado, 29 de noviembre de 2014.
Recuerdo que en una de las charlas que dio el obstetra Michel Odent* en Chile, este desarrolló la idea de que el momento del nacimiento es determinante para la emocionalidad, incluso para la capacidad de amar, que desarrollará a futuro ese recién nacido y, por lo tanto, la sociedad que construimos. Sus argumentos vienen de la investigación científica y de su larga experiencia en la atención de partos, y me pareció entonces una conclusión desoladora. Pedí la palabra y planteé mi inquietud. Dije que a mí y a mi bebé, al igual que a cientos de miles de madres en Chile, y seguramente a millones de madres en el mundo, se nos había negado la posibilidad de tener un parto libre y respetado, que nos habían violentado y quitado nuestros bebés de los brazos; y que entonces qué nos quedaba a nosotras, a nuestros hijos, que perdimos ese momento determinante. ¿Cómo reparar?
No sé si mi pregunta no se entendió o si yo no entendí la respuesta, pero creo que dijo algo como que no estamos acá para tratar casos particulares, sino que hablamos del futuro del nacer, que es también el futuro de la humanidad, pero que de todas formas existen los mecanismos culturales de la crianza, o algo así. La pregunta me ha seguido rondando, y aún no encuentro una respuesta. No es posible que seamos una especie de generación perdida.
Hace pocos días asistí a un encuentro de redes contra la violencia obstétrica**, donde participé en un conversatorio sobre activismo. Una joven madre contó una experiencia muy dolorosa. Ella estuvo todo su embarazo decidida a tener un parto natural y en casa, y defendió con uñas y dientes su decisión y su derecho. Pocas semanas antes de llegar a término, sufrió un grave problema de salud que la obligó a aceptar una cesárea de emergencia para que ella y su bebé vivieran. Cuenta el dolor y la impotencia que le produjo esto, la frustración y la culpa que sintió, como si estuviera defraudando a su bebé, a ella misma y a todos a quienes comunicó fervientemente su convicción. Aun se emocionaba al relatar su experiencia.
Más recientemente leí algo que me pareció el colmo de la irresponsabilidad. Un sitio web español publicaba un breve artículo, "Formas de nacimiento: relación emocional", donde entregaba "una lista de las formas de nacer y los condicionamientos para un posible futuro". Según su autor/a, una persona nacida por cesárea tendría "dificultades para terminar las cosas"; a quienes nacen por forceps "no les gusta sentirse controlados", y quienes pasaron por la incubadora "se sienten aislados y solos"... (siguiendo su reflexión, me pregunto si acaso esta persona nació prematuramente y por lo tanto "se apura en sacar conclusiones..."). Estas y otras asociaciones pseudológicas dichas con total ligereza son casi caricaturescas, pero lamentablemente reflejan la facilidad con que se instala un sentido común reduccionista y determinista que puede llegar a este tipo de burdas síntesis.
Creo que además de luchar por recuperar el parto natural, también es urgente hacer una búsqueda y reconocimiento de aquellas prácticas con las que madre e hijo cultivan tempranamente el amor y la ternura: los gestos, los sonidos, los juegos -diferentes según las diversas culturas y diversas madres e hijos- con los que reconstruimos lazos y recuperamos el tiempo perdido. En el contexto de violencia obstétrica en que hoy la mayoría parimos/nacemos, estas son prácticas de resistencia. Y esto es crianza rebelde.
* Sobre Michel Odent, en Ecología del Nacer.
** Primer Encuentro Nacional de Redes por el Parto Respetado, 29 de noviembre de 2014.
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viernes, 21 de noviembre de 2014
Un oasis en la academia: Biblioteca infantil pre-escolar de la Universidad de Tarapacá, Arica.
"¿En cuántos lugares las mamás, papás, abuelas, abuelos, tíos, tías, primos, etc. podemos jugar tranquilos con los niños sin sentirnos observados y sancionados por el “bullicio” y desorden que ocasiona una tarde de descubrimiento? Las wawa*, niños y niñas existen, pero su sola presencia en el mundo “adultocéntrico” suele generar molestias."
Por la co-madre invitada Ignacia Cortés
Editora, especialista en estudios andinos y actualmente escritora de libros para niños
Hace una semana fuimos en familia a Arica, en el extremo norte de Chile, a exponer con mi pareja e hija de un año, al IX Congreso de Etnohistoria que se desarrolló en la Universidad de Tarapacá (UTA). El programa del Congreso era ambicioso. Intentamos ir a algunas presentaciones, pero sólo pudimos acudir a las charlas magistrales, ya que por el horario nos acomodaba más.
Sin embargo, como nos enseñan las niñas y niños, sus tiempos, y el de los adultos suelen ser muy distintos. Para no resistirme al ritmo de Clara, decidí salir a buscar un refugio, idealmente para darle teta y descansar. Pensé en algo parecido a una plaza, pero la vegetación, como la conocemos en la Santiago, no abunda en el campus universitario. La temperatura es otra y el agua escasea en la zona. Habían pequeños espacios con pasto y sombra, pero no estaban tan cerca de la sala donde se desarrollaba el congreso. A cambio, tuvimos una revelación. Caminamos por dentro de uno de los edificios y hallamos un oasis. La entrada tenía un cartel que nos daba la bienvenida: “Biblioteca infantil pre-escolar”. Clara abrió sus enormes ojos y se lanzó a gatear-caminar en dirección a unas niñas lectoras, hermanas de 7 y 4 años a las que no les molestó en compartir con Clarita el pan con palta que estaban comiendo.
Conversé con la encargada del espacio. Ella me contó que antes este lugar correspondía a la guardería infantil para estudiantes y funcionarios de la UTA. Hace un tiempo atrás la universidad abrió una gran sala cuna y jardín infantil, pero la exguardería no se convirtió en una sala más dentro del campus, sino que se transformó en una biblioteca infantil. A ella asisten las niñas y niños del jardín y algunas tardes a la semana, se abre a la comunidad.
La biblioteca infantil de la UTA cuenta con un sector de juegos, allí conviven muñecas; tacitas para tomar el té; un llamo de peluche, con tulmas en sus orejas y un aguayo de vestimenta; y cajas de juegos idiomáticos en mapudungun y aymara. La biblioteca tiene todo un mundo en miniatura, mesas de colores, sillas, sillones, alfombras y hasta una acogedora silla mecedora. Respecto a los libros, es muy variada. Los estantes, de fácil acceso a los niños, están llenos; algunos libros son del tamaño de una pequeña mano; otros, grandes, con ilustraciones para poder ser vistos por varios lectores. Además, hay libros para recortar, clásicos de la literatura infantil -como Hansel y Gretel-, y libros objeto, como los del ilustrador y diseñador japonés Taro Gomi, que hoy en día es el autor favorito de Clara.
Al llegar de vuelta a Santiago, pensé: ¿cuántas universidades cuentan con este tipo de bibliotecas? Realmente no lo sé, pero creo que no he visto ninguna en el contexto universitario santiaguino. Y, sigo con mis preguntas, ¿en cuántos lugares las mamás, papás, abuelas, abuelos, tíos, tías, primos, etc. podemos jugar tranquilos con los niños sin sentirnos observados y sancionados por el “bullicio” y desorden que ocasiona una tarde de descubrimiento? Las wawa*, niños y niñas existen, pero su sola presencia en el mundo “adultocéntrico” (como dice una sabia amiga) suele generar molestias. Por lo mismo, se ha intentado moldear su comportamiento. Lo mejor es que se parezcan a los adultos o a ese ideal de adulto: dóciles, fáciles de controlar, quietos y silenciosos.
Escribiendo esto recordé algo que se dijo en la clausura del Congreso. Quizás no sea coincidencia que la sigla de la Universidad de Tarapacá sea UTA. En aymara, uta significa casa. Sin embargo, uta no sólo se emplea para designar una edificación, también es el proceso de construcción que involucra necesariamente a la comunidad: es un trabajo mano a mano, solidario y ritual, un achuqalla**. ¿Cuántas universidades se proponen ser una verdadera uta, donde estudiantes y, por qué no, la comunidad entera pueda recorrer y habitar cada espacio?
En nuestra corta estadía en Arica, pudimos visitar la biblioteca infantil dos veces. Lamentablemente, no se me ocurrió tomar una fotografía, pero confío en que las sensaciones de esas tardes de juego quedaron atesoradas en nuestra memoria corporal.
Las imágenes son del libro "Adivina qué es" de Taro Gomi.
* Wawa (quechua) bebé,
infante.
** Ejecución y ceremonia
del techado de las casas.
viernes, 3 de octubre de 2014
Juegos y estereotipos, terminemos con las narices fruncidas
Esta semana se dio a conocer en Chile la campaña de la ONG Comunidad Mujer "Las niñas
pueden", en la idea de atacar los estereotipos infantiles a través de juguetes y juegos, que luego determinan roles sociales y
carreras profesionales de las mujeres, y que en definitiva siguen consolidando
la inequidad de género. La campaña se centra en las
niñas y yo como madre
de un niño me pregunté, ¿cómo afecta esta discriminación a los pequeños hombres? Por Danae Prado C.
miércoles, 1 de octubre de 2014
La hora del cuento: “Sapo y la canción del Mirlo”
Tenemos
varios libros en casa para que el contacto con ellos sea común y corriente,
algo de diario vivir. Pero también llevamos a las niñas a la biblioteca local
que, afortunadamente, tiene una Sala Koala estimulante para ellas, la que
permite abrir las posibilidades que el mundo de las letras les puede ofrecer.
Es
por esto que se me ocurrió la idea de compartir en el blog la experiencia con
algunos de estos libros, idealmente libros fuera de los cuentos clásicos que ya
tod@s conocemos, con el fin de ser un aporte para quien está iniciando una
búsqueda de bibliografía para compartir en familia.
Así,
comienzo con “Sapo y la Canción del Mirlo”, el que llegó a nuestras manos por
medio de la biblioteca local. Este libro infantil es parte de una serie
literaria denominada “Sapo” que trata diversas temáticas. Su prosa es sencilla como sus ilustraciones y
hablan en forma cercana para que mi hija se pueda envolver con ella e
identificarse con sus personajes y sus aventuras.
Este libro en particular, habla de la muerte.
Sin duda, la muerte es un tema tan natural como
complejo. Realmente no sé si en general para los adultos es tan complicado
hablar de esto con un niñ@, pero en mi caso me vi enfrentada a esto hace poco
tiempo con mi hija mayor y por momentos vacilé profundamente en cómo abordarlo
o si era mejor ignorarlo u obviarlo.
Recordé entonces que alguna vez había leído una
entrevista a J.K. Rowling acerca de la muerte en se saga Harry Potter y ella
hacía referencia a lo normal que el tema era para sus lectores infanto-juveniles.
Aunque no supe muy meditadamente cómo explicarlo,
abrí el tema de la muerte a mi hija, lo que se ha ido construyendo poco a poco
y que nos ha ofrecido mayores gratificaciones de las pensadas, pues incluso he
podido vincularla al recuerdo de mis propios seres queridos que han partido y
que, en gran medida, forman parte también de su propia historia.
Sapo y La Canción del Mirlo hace eso, narra la
experiencia de sus personajes animales con la muerte, de forma natural y clara,
tal como puede ocurrirle a cualquiera de nuestros hij@s. Lo más interesante, en
mi opinión, es que el libro no intenta hacer una explicación metafísica o
teológica de la concepción de la muerte, sino más bien de cómo los personajes
enfrentan esta situación. Y eso me parece interesante porque le otorga un
lenguaje universal a la obra.
Sapo y sus amigos encuentran al Mirlo que ha muerto,
esto les produce una gran tristeza y recuerdan sus canciones que les alegraban.
Entonces, realizan el rito fúnebre que no es otra cosa que su despedida y -esta
es la parte que a mí me encantó- la actitud posterior que adoptan es de
disfrutar la vida y recordarlo con alegría.
La historia asume la naturalidad del proceso de la
muerte, pone énfasis en la necesidad de vivir el duelo, pero ofrece la salida
de continuar la vida dignificando y honrando con ella a los que han partido.
Cuando leímos el libro con mi hija mayor, fue muy
emocionante, pues ella sintió la tristeza de los personajes e incluso me
emocionó a mí al relacionarlo con mis familiares difuntos. Pero al finalizar la
historia, quedó tranquila y satisfecha con el desenlace y se durmió con esa paz
envidiable de los sueños infantiles. Tanto le gustó, que lo eligió para un
proyecto preescolar, venciendo las múltiples historias y libros de princesa que
inunda su mundo de fantasía.
Etiquetas:
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lectura,
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Millaray
jueves, 28 de agosto de 2014
Karina y Sofía: el derecho a amamantar es de todas
El
martes 26 de agosto, tras meses de silencio, Karina Alarcón ya no pudo más y se
decidió a denunciar por vía de su facebook el atropello que vive ella y su hija
de 5 meses: su empresa, un contratista de Minera Escondida a mil kilómetros de
Antofagasta, se niega a respetar su derecho a amamantar. De Madre a Comadre se
comunicó con Karina y nos comprometimos a difundir y apoyar su demanda por el
derecho de Sofía a recibir la leche de su madre. Aquí su denuncia.
viernes, 22 de agosto de 2014
Marta Durán: ilustraciones para niños con temas de “grandes”
Podríamos decir que cuando Marta Durán tuvo a su primer hijo, Antonio de 4 años, consigo parió también a Marta Durán Ilustradora. Desde Villa Alemana, la joven profesora de arte de profesión e ilustradora infantil por opción, ejerce la maternidad al tiempo que dedica sus ilustraciones a la enseñanza de valores para un mundo mejor. Conversamos con ella de sus libros y la creación infantil. Por Danae Prado C.
lunes, 18 de agosto de 2014
Chile: dónde el amor de mamá es víctima de la desigualdad
Desde ayer tenemos rabia, vergüenza e impotencia. ¿La razón?, evidenciar que en Chile no se respetan los derechos más básicos de la infancia y la maternidad. En concreto, hemos conocido a Victoria y su madre Gloria. La pequeña de 1 año y 11 meses se fracturó la pierna y está ingresada en el hospital Carlos Van Buren de Valparaíso. Como tod@s l@s niñ@s chilen@s que son atendidos por el sistema de salud pública, Victoria está separada de su madre y solamente puede ser cuidada, alimentada y amada por ella algunas horas del día. Por comadres Fernanda Romo y Danae Prado.
jueves, 14 de agosto de 2014
Parir en casa: un camino hacia la salud emocional y construcción de una sociedad más feliz y menos violenta.
La Comadre Invitada de esta semana, Raquel Ollino, escribe en esta columna sobre el parto en casa, afirmando que no tiene nada que ver con una moda sino más bien con el retorno a las raíces y un aporte a una mejor sociedad.
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